Cuando BELPHEGOR nos visitó hace un par de meses atrás, traían consigo un tema llamado “Walpurgis Rites” del disco que analizaremos a continuación que lleva (casi) el mismo nombre: Walpurgis Rites – Hexenwahn y el cual fue lanzado a las pocas semanas luego de la visita de los austriacos.
Luego de escuchar el disco, debo decir que me provocó una cierta decepción: no encuentro en ninguna parte el aura maligna tan característica de placas como Necrodaemon Terrorsathan o como Lucifer Incestus. Como que Séitan se fue de vacaciones al Caribe y sacó la cola de las creaciones demoníacas de Helmuth y Cía. Hasta Bondage Goat Zombie tenía temas con harta aura blasfema (como “Stigma Diabolicum” o “Justine: Soaked in Blood”, por ejemplo) incluso a sabiendas que el sonido era más comercial que el pasado.
El disco abre con el mentado tema homónimo, cuyo coro resulta un gancho bien interesante (incluso me imaginaba que se venía un nuevo “Lucifer Incestus”). No obstante el resto de la historia me resulta en lo personal bien poco atractiva. No encontré otro tema que me enganchara lo suficiente como para recordarlo a la primera o a la segunda escucha (quizás “Reichswehr in Blood”, una de las canciones más bestiales y de las que más conserva la esencia característica de la banda). “Der Geistertreiber” resulta una lata (un tema flojísimo y con ese sonsonete germánico que muchos detestan por asociarlo con otro tipo de sonidos... de hecho me imaginé una versión black metal de RAMMSTEIN o algo por el estilo) y “Destroyer Hekate” es como de lo mejorcito.
Lamentablemente, debo decir que este Walpurgis Rites – Hexenwahn no satisfizo mis expectativas y no creo tampoco satisfarán la de sus fans más acérrimos. Y no por falta de chacalidad ya que el disco suena como cañón (no se puede esperar menos de BELPHEGOR), sino que por falta de energía y porque ni siquiera existe la sensación de autocopia bien hecha que se pudo presentar en Goatreich – The Fleshcult o en Pestapokalypse VI sino que se puede percibir que fue un disco como compuesto a la rápida y por cumplir repitiendo los patrones de composición hasta sobrepasar la saciedad.
Señalado lo anterior es de esperar que – al igual que otras bandas “próceres” del underground – BELPHEGOR deje de lanzar un disco por año y se tome el tiempo prudente para escribir una placa como el maligno manda. A final de cuentas, queda la impresión de que el sello tan propio de BELPHEGOR se diluyó con esta nueva placa, y eso para los austríacos puede resultarles contraproducente en un futuro no muy lejano, ya que el mayor valor que poseen es precisamente la esencia diabólica que se ha manifestado en su obra.
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