Para quienes nos acercamos inexorablemente a los 30 años y para quienes los pasaron hace algún tiempo, BURZUM no nos puede ser un personaje desconocido. La historia es archi-conocida por todos y por lo mismo el señor Varg Vikernes (o Count Grishnakh si prefieren) no necesita una mayor introducción. La cosa es que este señor acaba de salir de la cárcel y lo celebra lanzando Belus, la placa 2010 de la cual hablaremos en estas siguientes líneas.
Según lo leído a través del internet en los medios y comunidades especializadas, existió durante mucho tiempo la sensación de que nadie sabía qué esperar de un nuevo trabajo de BURZUM (de hecho, para ser más precisos, nadie sabía con exactitud si se iba a lanzar un nuevo trabajo alguna vez ya que la estadía en la cárcel de Varg Vikernes generó una seguidilla de rumores como que había dejado de tocar guitarra, que no estaba ni ahí con el metal y otros cahuines de poca monta). El misterio ha sido por fin revelado para quienes esperaban (e incluso para quienes no) y en términos simples, Belus marca un retroceso en el tiempo de casi 14 años cuando salía a las calles Filosofem (1996), el cual fue grabado por allá por 1993.
Luego de una introducción de treinta segundos suena “Belus Dod” que sin ser un gran hit, cuenta con riffs demoledores muy a la usanza escandinava; “Glemselens Elv” es un tanto más épica, pero letárgica a más no poder. “Sverddans” es un tema distinto – musicalmente hablando – al resto de la placa: un tanto más rapido y con riffs más melódicos. Asimismo, “Keliohesten” por algún me recordó mucho al EMPEROR del In the Nightside Eclipse.
El resto del disco suena muy Filosofem con algunos tintes de las primeras placas de BURZUM sin esa voz de mierda desgarradora que ha servido de referencia para varias bandas de black metal que se autodenominan “suicidas” y “depresivos”; las últimas dos pistas son largas y monótonas pero con un toque ambiental propio del más puro estilo de Grishnakh. Contrario a lo que muchos esperaban, Belus no cuenta con secciones atmosféricas realizadas con sintetizadores a lo Daudi Baldrs.
Belus no cambiará la percepción de nadie acerca de la obra de BURZUM en el tiempo: si usted – amigo lector – nunca enganchó con el trabajo de Vikernes en el pasado, ahora creo que tampoco lo hará. Los fans de seguro revivirán buenos tiempos con este disco remontándolos a una época en la que Noruega estaba llena de gloria de la mano de un puñado de cabros chicos que alucinaban con el paganismo y la quema de iglesias. Recomendable, pero sólo para los seguidores acérrimos.
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