¿Segundas partes nunca fueron buenas? Es relativo. Tratado como una obra individual, este disco de los cada vez más experimentales blackers norteamericanos NACHTMYSTIUM no es para juzgar a la ligera. Si bien se puede destacar su naturaleza experimental, que es algo que habría que agradecer dentro de géneros que suelen ser cerrados, ese mismo aspecto les puede jugar en contra frente a audiencias más tradicionalistas. Es una apuesta arriesgada y poco ortodoxa; probablemente sea descartada por algunos. De todas formas, creo que vale la pena darse el tiempo de analizarlo.
El disco parte con una especie de plegaria repetitiva ("Nada duele más que haber nacido"), que sirve para sentar una atmósfera, para separarte del mundanal ruido, introduciéndote luego al primer tema propiamente tal, “High on Hate” (qué gran título), que es una pieza de black metal como uno esperaría: blast beats, gritos desgarrados, guitarras de tremolo zumbante, pero con una cierta resonancia melódica en su trasfondo, un sonido más profundo; recuerda algo a WOLVES IN THE THRONE ROOM.
La cosa empieza a cambiar con “Nightfall”, cuyos primeros riffs recuerdan algo más a un hardcore melódico o a un death sueco que a un black de toda la vida. La inclusión de elementos de percusión como panderos, más un ritmo medio, no ayudan mucho a desfruncir el ceño (o a desarrugar la nariz, como prefieran). Y ya donde la cuestión definitivamente se pone compleja es con “No Funeral”, cuyos teclados sicodélicos y percusión electrónicamente manipulada me hicieron poner un metafórico grito en el cielo. Para que se lo imagine el lector: es un poco como la primera vez que escuchamos “Midnight Mountain” de CATHEDRAL… onda “batería con aplauso” y huevadas similares… ¿Blasfemia? ¿Riesgo? ¿Vanguardia? A mí todavía me cuesta digerirlo.
La cosa baja de revoluciones con “Then Fires”, más lento y de una atmósfera más melancólica; me recuerda vagamente a GHOST BRIGADE o a DARK TRANQUILLITY –otra vez el death metal sueco– pero con una voz gutural más blacker… No deja de ser una mezcla atractiva, y ya por acá como que me convence más esta experimentación de NACHTMYSTIUM. Luego viene “Addicts”, con un ritmo medio, que en general mantiene esa sonoridad del tipo “US black metal meets Swedish death metal”.
La apropiadamente titulada “The End is Eternal” viene a continuación con un ritmo más lento –que se acelera un poco hacia el final- y una atmósfera más reflexiva, melancólica y a ratos desgarradora. Con 7 minutos, es uno de los temas más largos. El tempo vuelve a acelerarse con “Blood Trance Fusion” y sus teclados ululantes, y más se acelera con “Ruined Life Continuum” y otra vez las baterías con efecto, aunque acá los cambios de ritmo y un feeling más lúgubre en la canción logran ser más convincentes que antes.
“Esto tiene que terminar, pero no puedo decirte cuándo” dice la canción que vimos recién. Pero el disco termina con los 8 y medio minutos de “Every Last Drop”, que se inicia con guitarras acústicas y coros graves, con reminiscencias orientales, para dar paso a un tema lento, que conjuga una serie de elementos: guitarras acústicas mezcladas con las eléctricas, teclados con cierto aire de sicodelia, voces guturales, coros “orientales”, una atmósfera entre lúgubre y reflexiva. Logra ser una gran canción que resume lo que es este disco, una apuesta arriesgada, como ya dijimos, pero que sin duda muestra una madurez y un deseo de buscar mas allá de los límites –muchas veces estrechos- de un género. Quienes quieran un black metal crudo y desolado obviamente deben mirar en otra dirección, pero quienes busquen algo de variedad dentro del metal deberían revisar este trabajo. No garantizo satisfacción de todos los gustos, pero no será tiempo perdido.
|