"¿Kiss o AC/DC, Mike?". Supuestamente, eso le habría preguntado nuestro flamante ministro de cultura, Luciano Cruz-Coke, al vocalista de FAITH NO MORE, Mike Patton, en su primera visita a Santiago. La historia detrás de la pregunta, es que cuando don Luciano era adolescente, en su colegio habían dos bandos rockeros: los fans de AC / DC y los fans de Kiss. El ministro gustaba de Kiss; Patton, con voz de pocos amigos, le dijo que él era de AC/DC.
Traigo esto a colación porque cuando yo mismo era un thrasher adolescente, de alguna forma habían dos bandos, los fans de METALLICA y los fans de MEGADETH. Siempre haciendo chistes sobre Dave Mustaine, que era ególatra, que no era buen músico, etc. Tonteras de niños. Sin embargo, hubo un disco que de alguna forma puso fin a las tallas: Rust in Peace. Tal fue el impacto de esa placa que cierto amigo, acérrimo fan de Hetfield y Cia. (hasta hoy), al terminar de escuchar el álbum, dijo con la mirada perdida en el horizonte: "Metallica no se puede quedar atrás".
Cuando se sabe que MEGADETH vendrá a Santiago a interpretar en su totalidad el mencionado disco, es inevitable recordar éstas y otras miles de anécdotas más. Los más jóvenes tienen que entender: ellos nacieron en un mundo donde Rust in Peace ya era una obra consolidada en el mundo metalero. A muchos de nosotros nos tocó absorber, entender y saber amar (u odiar) un disco que claramente es fundamental. O como dicen los gringos, seminal.
Volvamos al presente: un Arena Movistar a medio llenar se estremecía con los sones de "Reborn", tema del nuevo disco de los teloneros NECROSIS, cuando entramos al recinto. El grupo nacional fue recibido con bastante entusiasmo por el público, que supo corear temas como "Enslaved to the Machine" y "My Fears". Pero la banda sabía que el público iba a otra cosa, y finalizaron su set invitando a la gente a esperar al plato fuerte de la noche.
Tras un intermedio, llegó el momento de que la banda subiera a escena, y lo hizo a los sones de "Dialectic Chaos". A renglón seguido tocaron "This Day We Fight".Vino la primera pausa de la noche, para luego recibir en escena a un Mustaine eufórico que, brazos en alto, saludó a la gente, diciendo. "Ya saben para qué estamos aquí". De inmediato empezaron los acordes de "Holy Wars..." y el Movistar Arena se encendió. "Hangar 18" vino casi sin pausa, y fue imposible no sufrir más flashbacks que nos llevaran a las primeras veces que escuchamos este magistral álbum.
Uno a uno se fueron desgranando los temas del disco, perfectamente ejecutados por una banda que, integrantes más o menos, se plantó con profesionalismo en escena, con ese increíble telón de fondo que mostraba al familiar Vic Rattlehead como los vimos en la carátula de Rust in Peace. Mustaine y Ellefson se llevaban las simpatías de la gente, que arrojaba pancartas y banderas al escenario -varias de las cuales fueron cuidadosamente instaladas por la banda sobre partes de la escenografía, e incluso en el pedestal de micrófono de Mustaine.
En fin... esta fue una noche intensa, llena de emociones y llena de momentos. Como ése en el cual una camiseta aterriza, con perfecto sentido del tiempo, sobre el pedestal de micrófono de Ellefson cuando éste hablaba con el público (que celebró bastante la "atrapada" del músico) y anunciaba el tema "The Right to Remain Insane". O los varios momentos de pausa en que el bajista y el baterista entretenían a la gente entre tema y tema, para encajar perfectamente con la canción siguiente. O ese momento en que Mustaine interrumpe la ejecución de "Peace Sells" para decirle a la gente: "Sé que ahora deberíamos terminar de cantar "Peace Sells", pero ustedes han sido un público tan increíble con nosotros esta noche que haremos algo diferente... Dénnos un minuto para decidir con qué canción seguiremos". Breve conferencia con el resto de la banda junto a la bateria, la gente especulando cual seria el tema elegido, para que, finalmente, sonaran los acordes de "Skin O' my Teeth", luego de lo cual terminaron "Peace Sells". O cuando al final de todo, terminan por volver a obsequiarnos con un fragmento de "Holy Wars", totalmente cantado por el público del Arena Movistar, antes de finalmente cerrar el show, con un Mustaine sudado y feliz enviando besos a la audiencia... Incluso cuando pensábamos que todo había terminado, el baterista Shawn Drover vuelve a meterse a la gente en el bolsillo al salir al frente y hacer notar entusiastamente que estaba usando una camiseta de la selección chilena de fútbol...
Que decir más que MEGADETH vinieron, vieron y vencieron como los grandes, despidiéndose con una reverencia y saliendo entre los aplausos de un público absolutamente encantado con la presentación. Es claro que también hubo momentos bajos, como por ejemplo (en mi humilde opinión) los temas nuevos, o los problemas de sonido del final, pero si hubiera que guiarse por la respuesta del público presente, me parece que los puntos bajos no lograron empañar el resultado general.
|